Friday, March 20, 2026
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En Japón, un grupo de mujeres lucha por el derecho a no ser madres


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Cuando Hisui Tatsuta estaba en la secundaria, su madre solía bromear diciendo que no podía esperar a ver los rostros de sus futuros nietos. A Tatsuta, que ahora tiene 24 años y es modelo en Tokio, la asunción de que algún daría a luz le incomodaba.

Cuando su cuerpo empezó a desarrollar rasgos femeninos, Tatsuta empezó a hacer dietas y ejercicios extremos para evitar los cambios. Empezó a considerarse a sí misma como alguien sin genero. “No me gustaba que me vieran como un útero capaz de dar a luz antes que como a una persona”, afirmó. En última instancia, quiere esterilizarse para eliminar cualquier posibilidad de embarazarse.

Sin embargo, en Japón, las mujeres que desean someterse a procedimientos de esterilización como la ligadura de las trompas de Falopio o la histerectomía deben cumplir ciertas condiciones que figuran entre las más exigentes del mundo. Para empezar, antes de hacerlo ya deben haber tenido hijos. También es necesario que demuestren que el embarazo pondría en peligro su salud, y se les exige el consentimiento de sus cónyuges. Esto hace que muchas mujeres tengan dificultades para someterse a estos procedimientos, y es casi imposible para las solteras sin hijos como Tatsuta.

Ahora, ella y otras cuatro mujeres han demandado al gobierno japonés, alegando que una ley de hace décadas conocida como Ley de Protección Maternal viola su derecho constitucional a la igualdad y la autodeterminación, y debería ser anulada.

Durante una audiencia celebrada la semana pasada en el Tribunal de Distrito de Tokio, Michiko Kameishi, abogada de las demandantes, calificó la ley de “paternalismo excesivo” y señaló que esta “suponía que vemos al cuerpo de una mujer como un cuerpo destinado a convertirse en madre”.

Kameishi declaró ante un panel compuesto por tres jueces –dos hombres y una mujer– que las condiciones para la esterilización voluntaria eran vestigios de otra época y que las demandantes querían tomar “una medida esencial para vivir la vida que han elegido”.

En materia de derechos reproductivos en general, Japón está muy por detrás de otros países desarrollados, no solamente en el tema de la esterilización. El seguro nacional sanitario no cubre la píldora anticonceptiva ni los dispositivos intrauterinos, y las mujeres que desean abortar deben obtener el consentimiento de sus parejas. El método anticonceptivo más utilizado en Japón es el preservativo, de acuerdo con una encuesta de la Asociación Japonesa de Planificación Familiar. Menos del 5 por ciento de las mujeres utilizan píldoras anticonceptivas como método principal para evitar el embarazo.

Los expertos afirman que las demandantes en el caso de esterilización, que también solicitan una indemnización de un millón de yenes (unos 6400 dólares) por persona con intereses, enfrentan obstáculos considerables. Mientras ellas reclaman el derecho a la esterilización, el gobierno está intentando activamente aumentar la tasa de natalidad de Japón, que ha caído a mínimos históricos.

“Que las mujeres que pueden dar a luz dejen de tener hijos se considera un paso atrás en la sociedad”, explicó Yoko Matsubara, profesora de bioética de la Universidad de Ritsumeikan. “Por eso puede ser difícil conseguir apoyo” para la demanda.

La semana pasada, mientras las cinco demandantes se sentaban frente a cuatro representantes del gobierno –todos ellos hombres– Miri Sakai, de 24 años, estudiante de sociología, declaró que no tenía interés en mantener relaciones sexuales o románticas ni en tener hijos.

Aunque las japonesas han hecho avances en el ámbito laboral, las expectativas culturales sobre sus deberes familiares son tan altas como siempre. “El estilo de vida de no casarse ni tener hijos sigue siendo rechazado en la sociedad”, indicó Saka.

“¿Es natural tener hijos por el bien del país?”, preguntó. “¿Acaso las mujeres que no dan a luz son innecesarias para la sociedad?”.

Mientras la lucha legal avanza en Japón, en Estados Unidos los derechos reproductivos han sido objeto de ataques. Hace dos años, la Corte Suprema anuló la sentencia del caso Roe contra Wade, poniendo fin a un derecho constitucional al aborto que había estado vigente durante décadas. Sin embargo, el tema de la esterilización femenina aún no se discute en Estados Unidos, donde sigue siendo el tipo más común de control de la natalidad, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

En Japón, la esterilización es un tema especialmente delicado debido al historial del gobierno de obligar a someterse a este procedimiento a personas con problemas psiquiátricos o discapacidades intelectuales o físicas.

Esas esterilizaciones se estuvieron realizando durante décadas en virtud de una medida de 1948 conocida como Ley de Protección de la Eugenesia. En 1996, esta se actualizó y se rebautizó como Ley de Protección Maternal, eliminando la cláusula eugenésica, pero los legisladores preservaron los estrictos requisitos para las mujeres que buscaran abortar o esterilizarse. A pesar de la presión ejercida por grupos de defensa y activistas de los derechos de la mujer, la ley no se ha modificado desde la revisión de 1996.

En principio, la ley también aplica para los hombres que desean someterse a una vasectomía. Ellos deben contar con el consentimiento de sus cónyuges, además de demostrar que ya son padres y que el embarazo pondría en peligro a sus parejas desde un punto de vista médico.

En la práctica, sin embargo, los expertos afirman que en Japón existen muchas más clínicas que ofrecen vasectomías que procedimientos de esterilización para mujeres.

Según datos del gobierno, los médicos realizaron 5130 esterilizaciones tanto a hombres como a mujeres en 2021, último año del que hay estadísticas disponibles. No se dispone de desgloses por sexo.

En un comunicado, la Agencia de Niños y Familias, que hace cumplir las regulaciones impuestas por la Ley de Protección Materna, señaló que no podía hacer comentarios sobre la demanda.

El estricto dominio del Partido Liberal Democrático de Japón, de derecha, junto con los arraigados valores familiares tradicionales del país, han impedido el avance en materia de derechos reproductivos, afirmó Yukako Ohashi, escritora y miembro de la Red de Mujeres por la Libertad Reproductiva.

El nombre de la Ley de Protección Materna es revelador, señaló Ohashi en una entrevista en video. “Se protegerá a las mujeres que vayan a ser madres”, dijo. “Pero las mujeres que no serán madres no serán respetadas. Así es la sociedad japonesa”.

Incluso en Estados Unidos, donde cualquier mujer de 21 años o más puede solicitar legalmente la esterilización, algunos ginecólogos y obstetras aconsejan a sus pacientes no realizarse estos procedimientos, especialmente cuando las mujeres aún no han tenido hijos.

Del mismo modo, la profesión médica en Japón “sigue teniendo una mentalidad muy patriarcal”, dijo Lisa C. Ikemoto, profesora de derecho de la Universidad de California en Davis. Los médicos “fungen como un cártel para mantener ciertas normas sociales”.

Las propias mujeres dudan a menudo si rebelarse contra las expectativas de la sociedad, debido a la fuerte presión que existe para que se ajusten a la norma.

“Mucha gente cree que intentar cambiar el statu quo es egoísta”, expresó Tatsuta, la modelo y demandante, poco antes de la audiencia de la semana pasada. Sin embargo, cuando se trata de luchar por el derecho a tomar decisiones sobre el propio cuerpo, agregó, “quiero que todo el mundo esté molesto”.



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